Esta acción militar y política extrema promovida y justificada por Donald Trump en el marco de la obtención de petróleo del suelo venezolano, significa una afrenta inaceptable contra la libre determinación de los pueblos y contra el derecho internacional. La Administración Estadounidense se siente por encima de todos los gobiernos y los Pueblos del mundo y con potestad para imponer por la fuerza sus políticas en cualquier rincón del planeta que no sea funcional a sus intereses económicos.
El ataque de esta madrugada constituye una bisagra gravísima en la historia de nuestro continente, que retoma la peor tradición imperialista y terrorista de Estados Unidos tan vigente durante la segunda mitad del siglo XX. Los pueblos de Latinoamérica recordamos con dolor y con la decisión de no retroceder el rol de ese país durante las dictaduras asesinas que asolaron estas tierras en los ’70 y ’80. Trump estaba vivo, defendía y celebraba el despojo económico que imponían los regímenes genocidas durante aquellas décadas. Así como hoy celebra la planificación y ejecución del plan de desigualdad y miseria llevado adelante por su cómplice, el presidente argentino Javier Milei.
Ante este avasallamiento de los derechos del Pueblo venezolano y los de todo el mundo, reiteramos nuestro repudio a este ataque criminal, exigimos la liberación de Maduro y su esposa Cilia Flores y nos solidarizamos con los habitantes y gobernantes de la República Bolivariana de Venezuela. La ONU, la OEA y la comunidad internacional no pueden mantenerse calladas ante este atropello imperialista que pisotea las normas de convivencia de los países del mundo. Su silencio tanto como un pronunciamiento tibio serían imperdonables y gravísimos para la historia de la humanidad.