11 septiembre, 2017

Las peligrosas mentiras de un vocero del régimen

Declaración de Nuevo Encuentro sobre una nueva difamación

Hay una parte de la política que compite en el visible campo de juego. La coalición oficialista; el peronismo de Massa, Randazzo, Schiaretti, Urtubey, Pichetto o Bossio; los socialistas santafecinos o la alianza que rodea a Martín Lousteau en la Capital son protagonistas limpios de la política. Otra parte de la política, vinculada sobre todo al cristinismo, juega más en la oscuridad que en la sinceridad del espacio público. El cristinismo tiene aliados tácitos en la izquierda más radicalizada. El grupo RAM es uno de ellos. La relación se estableció a través de Quebracho, la violenta organización con larga experiencia en la depredación de la propiedad pública y privada. También Nuevo Encuentro, de Martín Sabbatella, un dirigente convertido al hipercristinismo, está muy cerca de RAM, según testimonios fotográficos que existen. Los disturbios violentos en plazas y calles céntricas son la consecuencia obvia de la aparición (o reaparición) de grupos violentos. Cristina Kirchner se ocupa de plantar la desconfianza sobre las fuerzas de seguridad, pero calla sobre la responsabilidad de los violentos.

(Joaquín Morales Solá, La Nación, 10/9/2017)


Una vez más, desde las páginas de La Nación, se apunta a difamar, estigmatizar, ilegalizar y proscribir a militantes del campo nacional y popular. El editorialista estrella de ese matutino y del Grupo Clarín, Joaquín Morales Solá es nuevamente el encargado de la tarea sucia. Su pluma y su palabra están al servicio de este régimen de saqueo, ajuste y corrupción, como lo estuvieron en otras etapas de nuestra historia. Aun así, reivindicamos su libertad de opinar, en el marco de un Estado de Derecho que nosotros defendemos sin condiciones ni dobleces.

No obstante, las palabras de Morales Solá reproducidas bajo el título “Macri, frente al poder subterráneo”, acarrean una gravedad que apunta a los pilares de ese Estado de Derecho. El escriba del régimen plantea con despojo cuál es el sistema político habilitado y cuál no, cuál es el visible y cuál el oscuro, el que se esconde, el violento. Obviamente, Cristina Kirchner comanda, según la especulación interesada del editorialista de Macri, el “poder subterráneo” que se oculta para conspirar con violencia. En el marco de ese análisis falso y estigmatizante, se enlista a Nuevo Encuentro como una organización con vínculos violentos.

Ese matutino y ese editorialista suelen anticipar los escenarios que buscan las elites. Por eso, el diseño de un sistema político sin Cristina, así como la estrella de “violentos” estampada en la solapa de militantes no pueden tomarse a la ligera, como si fueran simples dislates de algún fanático financiado por los servicios y/o por Marcos Peña. La nota expresa con claridad el deseo de esas elites de enterrar a los y las militantes populares en un submundo oculto. Más que análisis, las elucubraciones de Morales Solá anticipan la intensificación de persecuciones y represiones por parte del poder al que vocea.

La libertad de expresión es, en este caso, sinónimo de irresponsabilidad moral que atenta contra la voluntad de millones de argentinos y argentinas, así como de aquellos que militan democráticamente en las filas de nuestra fuerza política. Del mismo modo que reivindicamos y defendemos aquella libertad, no dejaremos que la mentira se derrame impunemente sobre compañeros y compañeras que honran la Democracia con su compromiso.

Reivindicamos la militancia política democrática. Estamos orgullosas y orgullosos de poner el cuerpo siempre en defensa de los intereses populares; orgullosas y orgullosos de militar en barrios, en universidades, en sindicatos, en organizaciones, caminando siempre al lado de los y las que más necesitan. En la Patagonia, como en todos los rincones del país, defendimos, defendemos y defenderemos pacífica y democráticamente los derechos de los pueblos originarios, cuyos miembros no solo padecen el destierro, la discriminación y la persecución, sino que son víctimas de regímenes de explotación laboral y sometimiento terribles, que hoy son avalados desde la cúspide del Gobierno nacional.

Estigmatizaciones y acusaciones gravosas como las que realiza Morales Solá no son excepcionales; pero eso no puede conducirnos a naturalizarlas.

En marzo de 2016, a cuatro meses de haber asumido el presidente Macri y en el marco de una campaña feroz de hostigamiento, escraches y difamaciones contra el kirchnerismo, dos jóvenes que participaban de la inauguración de un local de Nuevo Encuentro en Villa Crespo recibieron impactos de bala calibre 38. Tras varios meses, fue detenido un instructor de tiro de apellido Sidero, aportante de la campaña del PRO en Ciudad de Buenos Aires y dueño del arma y del departamento desde el que se efectuaron los disparos contra la militancia kirchnerista. No se trató de un loco suelto, sino de un violento que se sintió habilitado a disparar en un contexto de descrédito como el que promueve Morales Solá con notas como ésta.

Sabemos que el blanco central de la artillería mediática con la que nos persiguen no somos solo nosotros. Nuevo Encuentro es una de las fuerzas militantes que integra Unidad Ciudadana y que conduce Cristina Kirchner. La violencia verbal y la estigmatización se detienen ahora en nosotros (como otras veces en otras organizaciones) en tanto y en cuanto somos parte -orgullosamente parte- del proyecto que ella lidera. Es ella el objetivo principal de estos ataques permanentes. Buscan demoler su vigencia, derribar los puentes de intenso amor y respeto que la unen con millones de argentinos; mintiendo, difamando y generando dudas y desconfianza. Quieren -y Morales Solá vuelve a ser explícito al respecto- definir las murallas de un sistema político que la deje afuera, junto a fuerzas conspiradoras y subterráneas que ellos mismos se ocupan de inventar e instalar. Lo hemos dicho muchas veces: le temen a Cristina, pero no solo por lo que fue capaz de hacer para garantizar derechos y quitar privilegios indebidos; le temen porque saben que su vigencia preanuncia un futuro inclusivo para muchos y muchas y no para unos pocos.

Esta estigmatización de la militancia se enmarca hoy en el intento desesperado del oficialismo y sus cómplices de desviar la atención sobre sus propias responsabilidades en la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Intentaron justificar su ausencia con operaciones para difamar a la familia, criminalizar la protesta mapuche y exculpar a la Gendarmería nacional. No es raro -aunque es muy grave- que en lugar de buscar a Santiago, quieran salir este capítulo negro transformando a quienes reclamamos por su vida en parias violentos que recorren intersticios subterráneos y amenazan la vida de los argentinos. Basta de mentiras.

Basta de persecución. Aparición con vida ya de Santiago Maldonado.

MESA NACIONAL DE NUEVO ENCUENTRO, Buenos Aires, 10 de septiembre de 2017

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