A 50 años del golpe cívico militar que inauguró la etapa más sangrienta de nuestra historia contemporánea, las y los militantes de Nuevo Encuentro y la Mesa Nacional partidaria, encabezada por el compañero Martín Sabbatella, expresamos nuestro compromiso irrenunciable con la defensa de los valores y las instituciones democráticas y nuestra exigencia sostenida de Memoria, Verdad y Justicia.
Nuestra Democracia, la que empezamos a recuperar hace 43 años, se hace más sólida y más fuerte con el recuerdo y el debate activo del horror al que fuimos sometidos durante la dictadura, con el conocimiento pleno de lo ocurrido con los 30 mil desaparecidos y desaparecidas, con la búsqueda incansable de los más de 300 nietos y nietas que aún quedan por encontrar y con el castigo impostergable a todos los responsables del genocidio.
El 24 de marzo de 1976 comenzó en Argentina la etapa más siniestra de nuestra historia reciente. Una etapa en la que el poder económico nacional e internacional se sirvió de la violencia militar más oscura y perversa para llevar adelante un plan de exterminio de la militancia popular, con el objetivo de implementar un modelo de desigualdad social y destrucción de los derechos consagrados hasta entonces. Las garantías constitucionales y democráticas fueron negadas a partir de la instauración de un régimen de terror que contó con la complicidad o el aliento de una parte de la sociedad. 30 mil compatriotas, sobre todo militantes populares, fueron detenidos, desaparecidos, secuestrados, torturados, vejados y asesinados por parte de los represores, mientras el Gobierno de facto ponía en marcha un plan de destrucción de la producción nacional, extranjerización de recursos, aniquilación de derechos laborales, concentración de la riqueza y consagración de la pobreza, que encuentra inmensas analogías con el actual modelo económico. Miles de personas huyeron de la persecución y el exterminio exiliándose a otros países o escondiéndose, ocultando así su opinión y sus ideas. Alrededor de 500 bebés fueron arrebatados de sus familias y entregados a apropiadores que los criaron en el engaño privándolos de su verdadera identidad. Toda la sociedad argentina fue víctima de la manipulación, la mentira y el terror durante los 7 años que duró la dictadura cívico militar.
Hoy no solo conmemoramos para no olvidar. Rendimos además nuestro homenaje a todas esas víctimas. Y lo hacemos militando, como muchos de ellos y ellas. Levantando las banderas de la Memoria, la Verdad y la Justicia, pero también las de la Igualdad, el Trabajo digno, el Crecimiento con Inclusión, la Justa Distribución de la Riqueza, la Defensa de nuestra Soberanía, nuestros Recursos y nuestro Ambiente. Militamos y luchamos por la consagración de los derechos populares, muchos de los cuales fueron arrasados por la dictadura y aún no se restituyeron, o intentan ser destruidos por el Gobierno corrupto y saqueador de Javier Milei.
Queremos una Argentina con Paz y Democracia. Una Argentina en la que la Libertad sea sinónimo de oportunidades y de acceso a derechos para todos y todas, y no un slogan para saquear el Estado. Una Argentina en la que crecer con dignidad no sea una utopía, en la que tener Salud o Educación de calidad no sea un privilegio, en la que crecer y disfrutar de la vida no sea un sueño solo accesible a especuladores y tramposos, en la que el Futuro sea ancho y extenso para el conjunto de la sociedad y no para unos pocos.
Queremos una Argentina en la que sus militantes populares no sean perseguidos ni encarcelados o proscriptos como lo es Cristina, nuestra compañera presa e inhabilitada a ejercer cargos públicos por hacer realidad una Patria más justa y dar innumerables pasos a favor de ese futuro digno para todos y todas. La Democracia está seriamente herida y se desangra cuando quienes defienden los intereses del Pueblo son encerrados por los representantes que el poder económico logró intrusar en los distintos estamentos del Estado.
Recordamos y honramos a quienes nos precedieron en la militancia. A las 30 mil compañeras y compañeros detenidos desaparecidos. A los perseguidos y asesinados por luchar. A los hombres y mujeres que crecieron lejos de sus familias porque fueron apropiados y aún viven en el engaño. A las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. A todos los familiares que pusieron el cuerpo en estas cinco décadas para reclamar Justicia y reencontrarse con los suyos. A las y los militantes populares, de aquellos y años y de ahora, que dedicaron y dedican su vida a construir un futuro mejor sobre las ruinas de aquel pasado indigno que edificó la dictadura. A los y las millones que resisten que el poder económico -con golpes de Estado, cooptación de gobiernos, control del Poder Judicial o manipulación de la sociedad- imponga la desigualdad y la injusticia en nuestra querida Patria.
Por ellos, por ellas, por nosotros y nosotras, por las y los que continuarán el camino: DEMOCRACIA SIEMPRE! MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA!